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Dios es amor

Fe - Esperanza - Caridad

1. La vivencia de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad

Entraña tres virtudes fundamentales que llamamos teologales: fe, esperanza y caridad.

El hombre es un ser que, así como necesita comer y dormir, también necesita creer en algo o en alguien superior que responda a sus interrogantes.

A lo largo de la historia de la humanidad podemos constatarlo. No ha existido ninguna cultura en la que las divinidades no se hagan presentes: Zeus, Júpiter, Osiris, Quetzalcóatl. El hombre es un ser religioso por naturaleza.

El primer mandamiento no lo inventó Dios cuando le entregó las tablas a Moisés. Está escrito en el corazón del hombre desde siempre. Dios puso esta necesidad en el hombre al crearlo a su imagen y semejanza y sabe que Él es la única respuesta. Por eso le da un mandato al hombre: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, no porque Dios necesite ser amado, sino porque el hombre necesita amar a Dios.

Todo tu día es un ejercicio de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

Creer en Dios y creer a Dios, tu Creador y Señor, Providencia amorosa. Creer con una fe firme, recia, luminosa, contagiosa, profunda y madura. Tu fe no debe ser débil, opaca, apagada, superficial e infantil. Con el paso de los años, además de crecer en edad y sabiduría, debes crecer en tu fe.

Confiar en Dios, porque Él nunca te falla, porque es tu Padre cariñoso y solícito, y te concede lo que necesitas para tu bien material y para tu alma. Confiar y esperar en Él a pesar de todo y contra toda esperanza. Dios tu Padre te lleva de la mano en el camino de la vida; unas veces te hace caminar por senderos luminosos y hermosos; otras veces, por senderos difíciles y no tan lindos (enfermedades, pruebas, golpes de la vida, etc.), pero no temas. Él va contigo. Lánzate a sus brazos. El timón de tu vida lo lleva Él.

Y sobre todo, amarlo. Con un amor personal, pues tanto Él como tú es una Persona. Con un amor real y operante, manifestado en obras. Dios te pide que le ames. No podía ser de otra manera, pues es tu Padre y tú eres su hijo.

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