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Dios es amor

VERDADES ETERNAS SEGUN SANTO CURA DE ARS

El Santo Cura de Ars nos habla en su sermón: "Sobre las verdades eternas". Tan cierto como que existe un Dios creador de todo lo existente: del mundo visible e invisible. Que envío a su amadísimo Hijo para que se ofreciera a Él como víctima propiciatoria por toda la humanidad de todos los tiempos: Dios de Dios, que se ofrece al eterno Padre en la Cruz para salvar al hombre que languidecía por el pecado y era conducido al infierno, Redentor del hombre que se ofrece diariamente al Padre Celestial en el Santo Sacrificio de la Misa, sacrificio incruento como aquél cruento en la Cruz, que nos pone en amistad con Dios y nos hace sus hijos para ir ante su presencia después de la muerte. Padre Celestial e Hijo Eterno del Padre que nos envían el Espíritu Santo para ayudar a santificarnos y mantenernos en la gracia divina.

El Cristiano tiene su felicidad en la brevedad de la vida, el pensamiento de la muerte, el juicio final y la eternidad. Una vida de preparación para poder ir al Cielo que Dios tiene prometido a aquellos cristianos que son fieles a Él y cumplen sus Mandamientos, avanzan en la virtud y aprovechan los dones que Dios derrama sobre ellos para llegar ante su presencia con sus almas limpias, sin mácula por el pecado. Mejor es sufrir y padecer en este mundo para purificarnos y mantenernos en gracia con la asistencia a Misa, la comunión frecuente, las oraciones diarias elevadas a Dios, la confesión de los pecados al sacerdote, la penitencia, el ayuno, las obras de caridad a vivos y difuntos, con el amor que manifestemos a nuestro prójimo. Es la bendición del cristiano al hacer todo lo anterior y no esperar a que Dios lo purifique como oro en el crisol, si llega ante su presencia, después de la muerte, con una alma manchada, con pocas oraciones y escasa penitencia. Es la desesperación del mal cristiano, que no va preparado para ser juzgado con justicia, por un juez justísimo que espera que sus buenas obras superen por mucho a las malas, para así poder recibirlo en las moradas eternas después de purificarlo en el Purgatorio de hasta el más pequeño pecado venial.

Y tan cierto como que existe Dios, hay un infierno para el pecador que no amó a Dios ni al prójimo. Su duración es eterna, sus verdugos implacables: horribles y poderosos demonios que castigan al pecador como Dios lo permita por sus pecados, hasta el juicio final. Después del juicio final, Dios calmará los ímpetus de Satanás: infierno eterno y misma suerte para demonios y condenados en el lago de fuego, sin posibilidad de moverse nunca, como caigan al ser arrojados ahí

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